miércoles, 17 de enero de 2018

Emulando a Chifri, llevaron alegría a los chicos de la quebrada

La Fundación Alfarcito salió a recorrer los cerros del Toro para entregar donaciones recibidas durante el año.

"Cuando uno piensa en el espíritu de sacrificio de los niños de los solitarios parajes del Toro, anhela que el colectivo de los sueños les acerque la felicidad que merecen", le dijo el padre Chifri a El Tribuno en 2007, cuando echó a rodar una genial idea de color verde manzana y turquesa por los escarpados caminos de la quebrada.

Con solo verlo, el colectivo que aún se estaciona en las escuelas de los cerros con sus recursos didácticos y juguetes despabila al niño que habita en cada uno. Para Chifri, buscar igualdad de oportunidades y evitar el desarraigo eran el destino. Por eso, acercar una alegría citadina a donde solo vive el viento con pocas y sacrificadas familias es el desafío de quienes tienen en sus manos la herencia de este sacerdote inédito. Tal como acostumbraba el Padre Chifri, quien recorría en verano los cerros con regalos para los chicos, miembros de la Fundación Alfarcito visitaron durante el fin de semana a familias de Las Cuevas y El Toro.

"El sábado amaneció prometiendo ser un día maravilloso y, como estaba programado, miembros de la Fundación Alfarcito y voluntarios nos reunieron temprano en Campo Quijano para iniciar la marcha hacia los cerros. Cerca de las 10 de la mañana llegamos a Alfarcito y nos detuvimos a rezar en la capilla donde descansan los restos del padre Chifri. La marcha siguió luego hasta Las Cuevas, donde los niños salieron corriendo para recibirnos, y gran sorpresa tuvieron, cuando pudieron ver los regalos", contó Carlos Figueroa, encargado de prensa de la Fundación.

Y agregó: "Un momento muy bonito fue saludar a Inés Sulca, una artesana que a pesar de la artrosis en sus manos continúa haciendo artesanías para vender en el centro de artesanos de El Alfarcito. Ella ama trabajar y contribuye al sostenimiento de su familia".

"Continuamos el viaje hasta la casa de otra luchadora de la vida, Susana Guanuco, quien nos recibió junto a su hijo Alan. Entregamos una manguera que nos donaron especialmente para que pueda llevar agua a su huerta, regalos para su hijo y ropa para ambos. Ella nos mostró su huerta y los trabajos que hizo para mejorarla. Al despedirnos nos convidó con unas deliciosas croquetas", relató Figueroa con gran orgullo.

El viaje continuó hasta El Toro. "Allí visitamos a varias familias, quienes nos recibieron con mucha felicidad y cariño, mostrando su agradecimiento por la sorpresiva visita. En la casa de la familia Olmos, madre e hijas nos agasajaron con unas bellas coplas improvisadas para manifestar su cariño y agradecimiento", destacó.

Carlos Figueroa detalló: "El clima nos acompañó pero la madre naturaleza nos advertía que debíamos volver, ya los cerros se iban cubriendo con nubes muy cargadas; además, el camino nos impedía continuar hasta Finca el Toro. Todos regresamos felices y muy agradecidos por el cariño recibido, sembrado por el pabre Chifri, quién se empeñó en mantener viva su ilusión y dibujarles una sonrisa a grandes y chicos".

Este recorrido se pudo realizar gracias a las donaciones recibidas de gente de Salta y de otras provincias, de ropa, juguetes, golosinas y otros elementos.

Un ómnibus y el amor por la infancia

Los miembros de la Fundación Alfarcito, cuyo presidente es Daniel Canónica, intentan continuar con las actividades  que realizaba el padre Chifri, quien dejó huérfanos a los habitantes del Toro en noviembre del 2011. Lo hacen con profundo amor porque la herencia es grande y difícil de sostener. 

Nadie puede olvidar cuando en 2007 los sueños comenzaron a viajar en colectivo por la Quebrada del Toro. Un colectivo viejo se transformó en salón de juegos para realizar las fantasías de los niños de los cerros, donde el silencio y la soledad abruman. 

Por eso, Chifri pensó que un colectivo de colores con libros, películas, instrumentos musicales y juguetes podría cambiar tanto el paisaje como el ánimo de los habitantes de altura.

Solo de la nobleza del corazón de un santo podían surgir ideas como el colectivo de los sueños. El padre Chifri fue un ángel protector de los niños de la Quebrada del Toro. Buscó siempre mejorar sus vidas. 

Así, un viejo autobús pintado de verde manzana, turquesa y amarillo transportó desde 2007 los sueños infantiles. Desde las ventanillas del colectivo, los santos protectores de la quebrada saludan y bendicen. Las simpáticas pinturas de Santiago Apóstol, Santa Teresita, Santa Rosa, San Bernardo, San Francisco, San Isidro, Santa Rita, San José y María, provocan verdadera atracción y guardan enorme significado para los quebradeños. 

En este paisaje ocre, donde el vecino más próximo está a kilómetros y jugar es sinónimo de pastorear cabras y ovejas, el colectivo de los sueños abrió para centenares de niños, una ventana al mundo de los juguetes, los libros, las películas, los deportes y la música.

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