viernes, 1 de febrero de 2013

Alta, en el cielo. Linda nota de El Alarcito que salio en Clarin.com


La Fundación Alfarcito salvó del olvido y la desintegración a una veintena de comunidades de los bellos cerros salteños. La obra solidaria del Padre Chifri continúa y necesita apoyo.

Apenas quince años atrás, los cerros del departamento de Rosario de Lerma, en Salta, era una zona olvidada, con una veintena de comunidades integradas por pueblos originarios y criollos. No mucho más de 3500 o 4000 personas, dispersas en un radio de 150 kilómetros, habitando en las alturas, entre 1500 y 4000 metros, en condiciones de carencia extrema y con temperaturas que en invierno llegan a 20 grados bajo cero, 

Incomunicados entre sí, sin servicios básicos ni perspectivas de progreso comunitario, sus jóvenes migraban a regiones cercanas, probando suerte en condiciones desiguales y con magras posibilidades de éxito. 

Un padre, un “milagro”
Fue en 1999 cuando Sigfrido Moroder, el Padre Chifri, fue asignado allugar. Sacerdote desde ocho años antes, venía de misionar en La Rioja y en poco más de una década logró que todo cambiase: acceso a los estudios secundarios, revalorización del trabajo y la cultura propios y, por sobre todo, el fomento al arraigo, dándole un sentido a la permanencia de la juventud en su tierra. 

Diez años después, en 2009, estas realizaciones terminarían de tomar forma con la Fundación Alfarcito, que lleva el nombre del pueblo donde está ubicada, en el km. 82 de la ruta 51, que une Salta con San Antonio de los Cobres.   

Maestros con radio
“Cuando el padre Chifri llegó, lo primero que hizo fue visitar caminando las veinticinco comunidades y las dieciocho escuelas primarias de los cerros”, cuenta María del Milagro Aguerre Siquier, directora ejecutiva de la entidad. 

“Y lo que vio -agrega-, fue que en cada una de esas escuelas el maestro era referente comunitario, pero que entre sí ellos no estaban conectados. Entonces, instaló un servicio de radio a través del cual se empezó a comunicar, y a gestar, la propia comunidad.”

La crisis de 2001 agravó las necesidades de la zona. Entonces, Chifri y su equipo se ocuparon de conseguir los alimentos para que los maestros pudieran dedicarse sólo a dar clases. Pero bajo esas urgencias coyunturales yacía intacto el mayor problema: el desarraigo de la gente. 

“Era necesario generar igualdad de oportunidades, de modo que el que quisiera migrar lo hiciera por decisión propia y no porque no tenía alternativa”, explica Aguerre Siquier. 

“Porque no es lo mismo que un chico del cerro se vaya, a falta de recursos, siendo pastor, a que tenga un secundario especializado en turismo, que conozca su región, y que se vaya a una universidad porque quiere hacerlo, y con la chance de conseguir un trabajo igual que cualquiera de la ciudad.”

Hasta entonces, ninguna de las escuelas del cerro tenía secundario, por lo que empezó a gestarse un sistema de becas para que los chicos bajaran a estudiar a Rosario de Lerma. Se consiguieron tutores para que los acompañaran en ese proceso.
    
Por qué me quedo o me voy
“Entonces, se empezó a revalorizar la cultura que ellos ya tenían; las abuelas hacían unas artesanías lindísimas, los jóvenes no las sabían hacer y los niños no tenían ni idea de para qué servían”, explica Aguerre Siquier. 

Así, para rescatar esas tradicione, Chifri creó el centro de artesanías de Alfarcito, donde desde 2007 se concentra la capacitación, producción de artesanías y formación en turismo, con un salón de ventas. Allí, el productor deja sus obras, les pone un precio y retira lo vendido de la vez anterior, llevándose el 100% de lo que se pagó por ello .

El colegio y la Fundación
La idea de un colegio secundario-albergue de montaña, destinado a los egresados de las 18 escuelas primarias de los cerros, era una obra que seguía pendiente, hasta que con el esfuerzo de la comunidad pudo inaugurarse en 2009.

La institución forma a los chicos, cuyas casas se hallan hasta a 24 horas de viaje, y les provee alimentos, vestimenta, útiles y medicamentos. 

Su plan de estudios, con el eje puesto en el desarrollo del individuo como parte de la comunidad, comprende orientaciones afines a las necesidades y a la cultura de la zona, como el turismo y la actividad agropecuaria.

“Hoy hay chicos que pasan a cuarto año y que no sólo están pensando en profesiones, sino además en aquellas que tienen que ver con el cerro”, se emociona la directora ejecutiva de la Fundación. 
    
En cuanto a la Fundación Alfarcito, creada antes del colegio secundario, permitió darle a la obra un espacio más amplio. “Nos preguntamos qué nos unía, para a partir de eso construir. Y eso que nos une, y de ahí el lema de la Fundación, es el anhelo de hacer el bien”, señala Aguerre Siquier.

Es así que la organización incluye a gente de distintas religiones y también a no creyentes, “porque lo importante es tratar de generar oportunidades”.

El recuerdo del padre Chifri
Soñador, enérgico, optimista, siempre abierto a aprender de los demás y a tomar de cada uno lo que tuviera para aportar en esta obra. Así, Aguerre Siquier se refiere emocionada al padre Chifri, a quien la muerte sorprendió a los 46 años, en noviembre de 2011.

Entonces, el principal temor fue cómo reaccionaría la comunidad ante una pérdida de esta magnitud. “La respuesta más linda la tuvimos en marzo, cuando el número de inscriptos en el colegio aumentó. Y ahí uno tiene que ponerse en la cabeza de una mamá del cerro para la que su hijo de 13 o 14 años es una mano importante en la casa. Dar a tu hijo esos cinco años tiene un valor muchísimo más grande que para una mamá de Buenos Aires”. 

Y entonces vino la reorganización: “A pesar de todo, en enero de 2012 hicimos tres construcciones nuevas. Fue un año que no se paró. Internamente, sí, fue de mucha movilización. Pero estos son los golpes necesarios para que el barco subsista.” 

Y agrega: “Hace poquito alguien dijo: las fundaciones se fundan cuando el fundador se va. Creo que fue un poco lo que estuvimos viviendo ahora, porque en la institución, cuando tenés al líder, es él la persona que se mueve, por más que todos seamos un equipo.”
     
Entre otras novedades, hoy Alfarcito promueve el turismo, con productores de la quebrada que hacen un curso de un año, “para recibir extranjeros en su casa y que ellos vivan su día”. 

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