sábado, 21 de enero de 2017

Inhumaron los restos de las víctimas por el alud de Abra de la Cruz - Pascha


Los restos de las dos víctimas fatales del aluvión en el paraje Abra de la Cruz, Bernabia “Berta” Vilte e Hipólito Quipildor, fueron inhumados ayer en el cementerio de la Iglesia de Ingeniero Maury.
Los cuerpos de ambos, que eran primos, fueron bajados anteayer desde la altura (más de 3600 msnm) de Abra de la Cruz (a pie hasta Pascha y luego en camioneta) a Ingeniero Maury, donde fueron velados y enterrados.

Aunque el Gobierno aclaró ayer que el mismo miércoles llevó ayuda a ambas familias, y a los miembros de la Comunidad Incahuasi, en Abra de la Cruz, familiares de ambas víctimas se manifestaron disconformes con el trato recibido de parte de las autoridades provinciales.

Según contaron los parientes, los cuerpos quedaron atrapados al lado de una pared de la casa de Vilte. La primera en dar cuenta del hecho fue Margarita Vilte, hermana de Berta, quien residía con ella y había bajado a Ingeniero Maury en busca de mercadería. Margarita subió el lunes, por el camino de herradura que une Maury con Abra de la Cruz, una caminata de entre 6 y 7 horas. Desde ese día, participó de la excavación, de 3 metros de profundidad, hasta dar con los cuerpos, separados por poco.
Piden asistencia sicológica
“Margarita ahora está acá (en Salta Capital), me gustaría que por favor un sicólogo (la asista), que la ayuden en algo a ella, porque ella estuvo desde el día uno hasta que la encontraron (a Berta)”, pidió ayer su hermana, Silvia Vilte, quien reside en Buenos Aires y aseguró que su familia no recibió ninguna ayuda del Gobierno provincial.
“A nosotros nadie nos llamó”, aseguró ayer Silvia Vilte, ante la consulta sobre si su familia había mantenido contactos con representantes del Gobierno. “Conmigo, con mi familia, no. Con la otra familia (de Quipildor) sí, pero con nosotros no”, ratificó.
Sobre el hecho en el que falleció su hermana, contó que el alud “chocó  (con la casa) y levantó para arriba las chapas, los dos cuerpos estaban ahí, a poca distancia (uno de otro), aplastados por una piedra enorme. Mi hermana (estaba) toda desfigurada y mi primo no”.
La casa de Berta fue arrasada con todo en su interior, más el caballo y los perros. También perdieron sus sembrados de haba, papa, arveja y verduras. Sólo se salvaron las ovejas.
Silvia contó que el suegro de Margarita (que vive a dos kilómetros) y otros vecinos la ayudaron, “pero llovía se mojaban, dormían a la intemperie, cavaban a la noche con linternas”.
El martes llegaron otros cuatro hermanos de Berta, primos, cuñados, los hijos de Hipólito y vecinos de la Comunidad Incahuasi, incluido su cacique, Víctor Cruz. Se formó un equipo de unas 25 personas que cavaron.
Cuerpos encontrados por familiares
“Los cuerpos los han encontrado todos familiares nomás, y después ha llegado la Policía, han llegado los bomberos (...), así que todo lo que ha salido en los diarios (de que Defensa Civil encontró los cuerpos) es todo mentira”, aseguró a su vez la hija de Hipólito, Inés Quipildor, conocida por Daniela, quien contó que como sus hermanos estaban en la zona del alud, fue ella quien acompañó a los rescatistas que partieron el miércoles con destino a Pascha y luego a Abra de la Cruz, donde estaban los cuerpos, ya lavados y preparados para el traslado.
“Sí podía asentar el helicóptero”, enfatizó Inés. Consideró “una vergüenza” que no se enviara la nave para bajar los cuerpos de sus familiares. El único hijo de Berta (que reside en Buenos Aires)  también fue parte del equipo de vecinos y parientes que bajaron los cuerpos junto a policías y miembros de Defensa Civil.
A poco de regresar del sepelio de su padre, Inés insistió en la precariedad de la situación de los comuneros que buscaban a los desaparecidos: “No tenían nada. No tenían dónde dormir. Dormían debajo de un arbolito”. “Pedían agua, pedían comida, no tenían para cocinar, nada”.
La ayuda (agua y mercadería) dijo Inés, llegó cuando ellos bajaron a buscar los cuerpos. E insistió que sólo la Municipalidad de Campo Quijano envío bolsones.

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