lunes, 28 de mayo de 2012

Cientos de fieles recordaron a Chifri, el curita de los cerros


Algunos consideran al lugar como un santuario en el que se detienen a orar. Es el paso obligado para llegar a la Puna.

El padre Chifri cumpliría 47 años este lunes. Una humilde morada eterna fue su designio. Construida de adobe, techo de paja y barro, originalmente fue acondicionada para darles mayor comodidad a los miles de peregrinos que elevan a diario sus plegarias al cielo, desde este punto de encuentro, donde el sacerdote de los cerros dispuso de 40 mil adobes al levantar el primer colegio secundario de montaña del Noroeste Argentino.

Este domingo fue el día elegido para recordar su figura e inaugurar esta remozada capilla del paraje El Alfarcito, distante a unos 60 kilómetros de Salta capital.

No faltó nadie. Es que era el día de Pentecostés y, según la Iglesia Católica, se celebra porque Dios prometió que vendría por sus discípulos con el descenso del Espíritu Santo. El pequeño templo centenario, rodeado de álamos, está ubicado a los pies de la Quebrada de Huaycondo, a metros de la ruta nacional 51.

Ahí estaban con asistencia perfecta los alumnos del polimodal creado por Sigfrido Moroder, los lugareños de una veintena de parajes precordilleranos, los amigos de ayer y siempre, la gente de la parroquia Santa Rita de Casia de Rosario de Lerma, los colaboradores de las fundaciones Un Grano de Mostaza y El Alfarcito, autoridades, los curiosos y su infaltable familia compuesta por sus hermanas Ana y Gabriela y sus padres Ana María Fracasi y José Sigfrido Moroder.

Los suris no faltaron con sus danzas y sus ancestrales instrumentos, los mismos que utilizaron en la despedida a “Chifri” a su descanso eterno en noviembre del año pasado.
“Chifri dejó una huella imborrable en su gente. Es parte de una obra que perdurará en el tiempo como ejemplo de constancia, esfuerzo y, sobre todo, amor por los demás”, mencionó Alejandro Pezet, el sacerdote que heredó la labor sacerdotal dejada por Moroder.

La fiesta

A la misa, desarrollada en medio de ese apacible entorno natural, le siguieron los cantos y la danza. Todo era fiesta, alegría, la misma que contagiaba el curita andador de los cerros, como lo llaman algunos.

Eran miles. Llegaron como pudieron. Algunos en camiones, colectivos o montando un caballo o en el lomo de un mular. Hasta vinieron de a pie las comunidades de San Bernardo, Pascha o Chañi, los pobladores que tanto sufrieron los embates de la naturaleza con los aludes bajados este verano desde las altas cumbres.

Casi de memoria seguían el ritual apenas llegaban al santuario. Pasan a rezar en la tumba de Chifri y de allí a seguir con el reencuentro en comunidad con los cientos de visitantes.

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